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10 de noviembre de 2015 | Jerónimo López Mohedano, Cronista Oficial

Uso inadecuado de símbolos no oficiales en el Escudo Municipal de Peñarroya-Pueblonuevo

“OJALÁ QUE LOS DEMÁS PROBLEMAS FUERA TAN FÁCILES DE SOLUCIONAR COMO ESTE”

Uno de los manipulados escudos municipales del Hotel Rural “Las Minas”. (J.L. Mohedano)
Al final de los años 30 del pasado siglo, cuando Benito Mussolini, el Duce de la Italia fascista trataba de redondear el imperio italiano en África con la incorporación del “otro” imperio de Etiopía y luego en Europa creaba la Gran Italia invadiendo el reino de Albania y estableciendo luego un Protectorado sobre el país. Mussolini arbitró un medio para que la huella fascista en este último país fuera imborrable: reconstruyó su capital, Tirana sobre la planta de las faces y lictores del escudo fascista. 
Y ahí está todavía, a pesar de la derrota de los fascismos tras la Segunda Guerra Mundial. Aquí, en nuestro pueblo algunas autoridades parecen muy interesadas en seguir una política de imposiciones simbólicas similares -salvando las distancias- en las dos últimas legislaturas, cuando Luisa Ruiz cambió, o permitió que se hiciera, el escudo con el añadido de una cruz sobre el Peñón, y aunque algunos presumieron motivos electorales, desconozco el porqué de tal actuación, mientras que su sucesora, María Gil creía inicialmente que se había encontrado con un escudo sin la cruz debido a una maniobra de su antecesora y de alguna manera la “restauró”, a pesar de recibir la información precisa sobre la simbología oficial, dando su apoyo explícito, en unos casos, o desviando la mirada para otro lado en otros, no se sabe si por futuros motivos electorales o simplemente ideológicos. Así se ha podido ver como el escudo municipal peñarriblense era transformado en los impresos municipales oficiales, en las portezuelas de los vehículos utilizados por los servicios del Ayuntamiento; en los señalizadores que indican la llegada a PeñarroyaPueblonuevo por sus cuatro accesos principales; sobre la fachada de la Casa de La Cultura o impreso en las vallas transparentes que cierran el muro del desventurado Hotel Rural. Todos estos escudos municipales, insisto, tienen como característica común el hecho de lucir una desproporcionada cruz coronando el monte de gules que simboliza el Peñón. Y respetando a todos, pero discrepando de algunas de sus opiniones, creo que esa cruz no es un símbolo de todas las gentes de nuestro pueblo pues habitamos en un país más aconfesional que laico, con una memoria histórica frágil en la que la imposición de un credo, y la falta de democracia cívica, ha sido la norma con muy pocos periodos de excepción. Quiero recordar, llevando el agua a mi molino, que un cuarto de siglo antes de que se levantara, el diputado republicano Rodrigo Soriano había escrito que “Pueblonuevo del Terrible era el único pueblo libre de España porque no está dominado por una cruz”. Por eso creo que esa cruz es un elemento más en el paisaje local y que como tal debe permanecer, que tiene unas determinadas connotaciones históricas y sociológicas ya que fue levantada en pleno periodo de postguerra, imperando el nacionalcatolicismo franquista, por el carpintero Augusto Cabrera, quien la costeó y la mandó erigir tras un asunto de estraperlo, y su hijo dejase escrito a finales de los años noventa que bajo el pedestal se enterraron restos humanos recogidos en las cercanías procedentes víctimas de la Guerra Civil, como símbolo de reconciliación, quizás ya explicitado en las cartelas con el “Justin-Perpetuum-Vivent” de sus escalones. Y aunque la anterior alcaldesa nos impusiera –desconozco el procedimiento previo a la aprobación-, en el mejor estilo del rodillo de las mayorías absolutas del PP, la bandera municipal sin molestarse en recabar los pareceres de los peñarriblenses para decidir el que habría de convertirse en otro símbolo local. Por no hablar del estilo mussoliniano que seguramente desconocía nuestra primera edil y al que me referí al principio y se puedan pensar en analogías con el establecimiento del escudo municipal hay que recordar que cuando aquello munícipes quisieron dotar de escudo a nuestra Ciudad -en la dura crisis de los 60 y en plena dictadura franquista- que se atuvieron a unas determinadas reglas heráldicas para hacerlo oficial. El nuestro se debe al proyecto presentado por el Rey de Armas de Madrid, Cadenas y Vicent, a petición del Ayuntamiento que, finalmente lo adoptó en sesión del Pleno del 11-III-1961, tras el proceso de aprobación de la Real Academia de la Historia, que emitió un dictamen favorable, tras lo que fue definitivamente aprobado por el Consejo de Ministros y sancionado definitivamente por el Ayuntamiento. Finalmente voy a reproducir la descripción oficial en términos de Heráldica del mismo, aparecido en la página 3 del número 160-1 del “Peñarroya” de junio de 1962 –cuya portada ilustra este trabajo- cuando era alcalde un personaje tan poco sospechoso de laicismo como lo fue Alfredo Gil: « Escudo partido. Primero: En campo de Sable (negro), un Pico y una Pala, puestos en aspa, de Plata. Segundo: En Campo de Oro, un Monte, de Gules (rojo). –Bordura, abarcando ambos cuarteles, de Azur (azul), con tres Lises de Plata, dos en Jefe y una en Punta » Se omite -cuando aquella España era un Reino, pero sin rey, según la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado de 1947 del generalísimo Francisco Franco, y casi ningún español sabía que vivía en una monarquía- que por timbre tenía la corona real española ya cerrada, dorada y con fondo rojo. El texto prosigue: «fácilmente se comprende su simbolismo. El Pico y la Pala son la representación de las minas y de las industrias de ellas derivadas, características del Distrito de Pueblonuevo y, el monte en rojo, representación del Distrito de Peñarroya, de su «Peñón» (…) Desde luego hay que hacer observar que por ser representaciones simbólicas, no son reflejo de las cosas tal como son en realidad. Sobre todo el Peñón, que a muchos extrañará, no es el «Peñón», sino la representación heráldica de un monte o promontorio elevado». Nadie reparó entonces en la necesidad de incluir a “Terrible”, el perro descubridor de la mina a la que dio nombre, que apellidó a la inicial villa de Pueblonuevo. Quizá es que no corrían buenos tiempos para las leyendas, o que nadie se la hizo saber al Rey de Armas. Ahora entre los muchos, y creo más acuciante problemas que vivimos en Peñarroya-Pueblonuevo, se le ha añadido al nuevo Ayuntamiento el que desde instancias de la Junta de Andalucía se haya producido una petición formal de aclaración sobre cuál es el verdadero escudo oficial y así evitar la esquizofrenia a que está dando lugar en las instancias oficiales autonómicas la duplicidad en los documentos oficiales. Ojalá que los demás problemas fuera tan fáciles de solucionar como este.
 

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